Cada mirada que no pertenece a la contradicción de mi alma, me hiere. Cada mirada que rehuye a este viejo lobo, es un melancólico aullido a una luna que sólo sabe reflejarse a ella sola. Diluyo pesados recuerdos en cada sentimiento sentido, regalado o alquilado, que más da . Expío penas en compañía de una luna que me acompaña hoy, mañana quizás la noche se cierre y deje al lobo la sombra de su soledad y el peso de un camino que se torne aciago.
lunes, 27 de junio de 2011
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