Dicen que en una solitaria cueva el lobo entró. Pasaron años
sin saberse de él. Nunca más se escuchó su aullido en la oscura noche. La fría
estepa perdió su estampa y su porte, sin su lobo. La cueva cayó en el
olvido y con ella, el aullido.
El reino de Selene pereció. La luz gobernó y los días
cálidos -cual primavera- llegaron cubriendo la estepa de mil colores. El lobo
murió.
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