Cuan cálido se encontraba aquel lugar, aquel que me dio cobijo suficiente tiempo para crear un arraigo enfermizo que no me ha dejado pensar, ver con claridad la senda que seguía antes de entrar en aquella coqueta cabaña que se antojo como suite presidencial.
Cierro las ventanas y dejo todo recogido menos la cama que la dejo sin hacer…
Me voy para no volver, con la idea de que jamás entraré en un sitio como aquel, y aunque no salgo enojado no lo hago complacido. Dejo la puerta abierta y sigo mi camino mis huellas están claras por si alguien las quiere seguir, y al alba después de una oscura y larga noche el camino se encuentra como mis huellas, claro…Clarísimo.
miércoles, 10 de junio de 2009
El cubil erróneo
Publicado por Soleil de Soil en 13:14
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1 comentarios:
No serás el único, siempre es necesario dejar atrás el comienzo, pero sin volver a mirarlo. Para ello es necesaria decisión y madurez. Entonces, claramente, como tú dices, puede encontrarse el camino.
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